La mamá que le ganó la pulseada a una severa enfermedad

SÍNDROME GUILLAIN-BARRÉ

03/04/2016 00:15 Nora Simonelli volvió a su casa, con sus hijos, tras una larga terapia de rehabilitación en Bahía Blanca.

Nora Simonelli, la pringlense que padeció Guillain-Barré y lo superó con voluntad.

NORA

Nota publicada en el Diario La Nueva, Domingo 3 de abril de 2016.

Por Anahí González / agonzalez@lanueva.com

Quería abrazar a su hijo Juan, de cuatro años, que la miraba confundido, y no podía. Los brazos no le respondían. Parecían muertos.

Conectada a un respirador mecánico, tampoco podía hablarle. Lo tenía frente a ella, en el hospital, y no podía decirle “Mamá se va a poner bien”, darle un beso, ni calmar el susto de aquellos ojos que no entendían qué estaba pasando.De un momento a otro su cuerpo se había paralizado y no podía respirar por sus medios.

El año 2013 ya se iba, pero el Síndrome de Guillain-Barré llegaba a la vida de Nora Simonelli para quedarse un tiempo largo.

La historia

Con el alta médica de Irel y la posibilidad de volver a casa, a reunirse con sus hijos Lucila y Juan, de 10 y 7 años, después de más de dos años de tratamiento, ella misma se asombra de su entereza.

“Todo el mundo me dice ‘¡Cómo luchaste!’ y me preguntan ‘¿Cómo saliste tan lúcida de terapia?”, cuenta Nora y recuerda la fatídica mañana en que sus piernas y brazos no le respondieron.

“Me desperté y no pude levantarme de la cama. Ni siquiera tenía fuerza para agarrar el teléfono”, comenta.

El virus Guillen-Barré que afecta a los músculos motores la atacó de un modo tan severo como pocas veces se vio en la ciudad. Los síntomas se dieron en simultáneo. Su pequeña hija avisó a un vecino que pidiera una ambulancia y horas después el diagnóstico estaba confirmado.

Desde el hospital local la derivaron al Hospital Español de Bahía Blanca, donde estuvo internada ocho meses en terapia intensiva.

Desde entonces, todo fue muy duro. Estuvo conectada mucho tiempo a un respirador. Solo podía decir sí o no con parpadeos y mover la cabeza. Era una mente lúcida y sufriente encerrada en un cuerpo paralizado.

Sin embargo, lo que más la agobiaba y sumía en profundas depresiones no eran los dolores y limitaciones nuevas sino no poder ver a sus hijos, pensar si estarían bien, dónde estarían. Su angustia era tan extrema que los doctores le dieron un permiso especial para que pudiera recibirlos.

“Estaba muy para abajo. Hacía seis meses que no los veía. La primera vez se asustaron. Me vieron toda enchufada. Pero la segunda vez ya se habían acostumbrado y entraron más cancheros”, cuenta y dice que ahora se acostumbraron a verla en silla de ruedas.

“El nene se sienta a upa y la nena me lleva a pasear. ¡Hasta puedo peinarla!”, dice con una sonrisa que delata la felicidad por poder volver a hacer esas pequeñas cosas que a veces solo valoramos cuando no las tenemos.

Su recuperación fue gradual. Tras la terapia en el Hospital Español se trasladó a IREL (Instituto de Rehabilitación Integral de Bahía Blanca), donde ingresó con régimen de internación. Allí un equipo interdisciplinario atendió su caso. Pasó por las manos de kinesiólogos, psicólogos, terapistas ocupacionales, fonoaudiólogos y neurólogos, entre otros profesionales de la salud.

Hoy, ya estabilizada y con una parte de sus capacidades recuperadas, pudo volver a su casa en Pringles, donde podrá cocinar (con ayuda de Lucila) y hasta retomar su actividad laboral como secretaria contable del estudio Moraña.

Nora agradece el apoyo de tanta gente. En su lucha perdió muchas cosas pero también ganó amistades para siempre. Sus compañeros del trabajo y de la secundaria armaron una “vaquita” para comprarle la silla de ruedas. La Cooperativa Obrera de Pringles destinó a su caso el “redondeo solidario”.

“En este tiempo recé mucho a Dios y también peleamos. Un día hacíamos amistad y otro no. Dicen que no voy a volver a caminar, pero yo creo que sí”, dice esta mujer que no perdió la fe.

El presente es suyo. Su fuerza le dio la chance de recuperar, junto a sus hijos, todos los abrazos perdidos.

Diagnóstico

“El caso de Nora fue el más severo que tuvimos”, contó el doctor Mario Montano, director ejecutivo de IREL.

“Ella tuvo una curva de recuperación importante y llegó a una plataforma en la que se estabilizó. Entonces se le dio el alta para evitar el exceso de hospitalismo. Lo que le falta recuperar lo puede hacer desde su casa”, remató el profesional.