Pedro Raúl Pereyra : Una vida con vocación de servicio que nos enorgullece.

°Una institución dentro de otra institución. Por su entidad como persona humana e inspirador de nuevas generaciones, sobre todo predicando con el ejemplo, una de sus principales cualidades, bien puede ser presentando bajo esta definición.
Pedro Raúl Pereyra, de él estoy hablando, cuya ejemplaridad enorgullece, en primer lugar a su familia (su entrañable esposa Hilda, que ya partió al cielo, sus cuatro hijos Gustavo Raúl, Ana Guillermina, Alejandro y Silvina Andrea: y diez nietos) y luego a todos los que integramos esta formidable organización que se llama IREL y que hoy cumple 60 años de vida, siempre mirando al futuro.
A sus 98 años, todo lo que se toca en IREL, está impregnado de su trabajo, porque ha sido uno de los dirigentes históricos de la institución que ha participado en los grandes proyectos de obras que fueron marcando las distintas etapas del devenir del Instituto. Siendo ético y coherente en el decir y el hacer, lo que le valió el respeto de todos.
Como miembro de la Comisión Ejecutiva en distintos períodos, como administrador, en todo rol que tuvo que cumplir, tuvo siempre un fuerte compromiso, sentido de pertenencia y vocación de servicio con la institución.
Portando siempre como una bandera de colores frescos, el legado de su progenitor, Pedro, siempre saber contar que su padre fue su primer gran inspirador. “Sólo con primer grado”, llegó a ser intendente municipal de General Acha, su pueblo natal, dice emocionado.
En su fecunda vida hay mucho para contar, pero hay un momento de su historia que me toca en lo personal, porque siendo muy jovencito y ya radicado con su familia en nuestra ciudad, en la década de los cuarenta, comenzó a trabajar en la tienda New London, siendo compañero de mi papá José, también jovencito como él, y de allí nace mi afecto entrañable por su persona, más allá de su actuación en IREL.
El de New London, fue el edificio más emblemático de la primera cuadra de la calle O´Higgins. Tras medio siglo de vida, fue demolido en 1993, lo que conformó un duro golpe al bien patrimonial de todos los bahienses.

Luego, vino su carrera ascendente en el Banco de la Provincia de Buenos Aires, donde transcurrió toda su vida laboral, y de otras actuaciones solidarias, que han merecido reconocimientos en distintos ámbitos
Pedro, es un soñador y muchos de sus sueños se hicieron realidad en IREL, con distintas e importantes obras que expandieron sus servicios, en beneficio de la comunidad.
Decía Mahatma Gandhi, que los sueños primero, son imposibles. Luego, se tornan improbables y más tarde cuando uno se compromete firmemente con ellos se vuelven INEVITABLES.
En nombre la comisión directiva, de Guillermo Zuntini, que lamentó no poder asistir por razones de fuerza mayor, pero que se une con todo su cariño a este homenaje, del personal y de cada una de las personas que hoy integramos IREL ……….. Gracias, Muchas gracias Pedro, por poblar a IREL de esos sueños inevitables.